viernes, 8 de enero de 2010

No le tengamos miedo a la verdad

La mente y el corazón del hombre están hechos para la verdad: la verdad en las realidades naturales y sobrenaturales, la verdad en la conducta personal y en la vida colectiva, etc.
Pero es bien penoso que muchos hombres -y todavía más, también muchos de aquellos que se autodenominan cristianos- actúen bajo el complejo del miedo a la verdad. Miedo a la verdad en la vida interior, tratando de esquivar sus exigencias con evasivas y sutilezas. Miedo a la verdad en el seno de la familia, en la relación de esposa y esposo, en la educación de los hijos. Miedo a la verdad en la vida social: en las relaciones contractuales, en el cumplimiento de los deberes fiscales, en la contabilidad.
Pero nadie, puede dejarse vencer del miedo a la verdad. A la verdad histórica con los errores y las culpas que se hubieran cometido a lo largo de los siglos, a la verdad reciente, a la verdad de cada día.
Algunos dicen que hay dos verdades e incluso se pelean por ella pero no, no hay dos verdades, una verdad científica y otra verdad que algunos llaman religiosa, sino una única verdad que debe latir en el corazón de los hombres y mujeres del planeta en cada acción que tomemos o hagamos. Las personas debemos luchar contra las distintas formas de mentira y de inautenticidad tanto en la vida privada, como en la vida pública, incluso, contra aquellas formas de propaganda que deforman la verdad, y hay tantas formas de propaganda, impuesta aquí en nuestro pueblo, que tienen como objetivo desvirtuar la verdad. Por lo tanto no impongamos nuestra pequeña verdad a los demás, sino la verdad a secas, la verdad objetiva que se forma trabajosamente en un clima de libertad y de limpia comunicación de ideas y de sentimientos.
En suma, todas las personas de buena voluntad deben hacer un generoso esfuerzo para vencer ese complejo de miedo a la verdad. Miedo que solo se supera con la vivencia a fondo de la confianza recíproca, de la libertad respetuosa y, en suma, del cumplimiento de las exigencias de la justicia y del respeto.
Un saludo
Agapito

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